miércoles, 12 de octubre de 2016

Despedida

Venimos a ser parte de una historia
canta Lyran Roll en la fúnebre letra de barco azul.
Y es cierto, tú viniste para ser parte de mi historia.
Llegaste a mi vida, niña y tímida,
envuelta en pelos y ternura.
Tus unísonos ronroneos
fueron más que las palabras
mucho más, porque no significando nada
significaron tanto.
Fue fácil quererte, calaste en mi alma por tu fragilidad
y por ese deseo obsesivo de perseguirme.
Te hundiste en mí
Hundiendo tus blandas garras en mis piernas
Como si enterraras algo
Como si guardaras un poco de ti en mí.
Pero,
así como llegaste, sigilosa,
te has ido, dejando tantos recuerdos
y tanta distancia entre nosotros.
Asechaste muy bien a la muerte
la atrapaste en tus blancas fauces
y ahora la llevas contigo, devórala
juega con ella y dile mi nombre.
Cuando llegue la hora tu cuerpo inmóvil
estará jugando cerca de mi cariño
Y tu lomo suave sentirá mis manos en la eternidad.
Hasta pronto.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Diálogo II



- Estoy en un lugar lejano, la gente me parece tan indiferente. Son como sombras que pasan. Lo único que me detengo a ver son los árboles desnudos por el invierno. Es notorio cuando empiezan a vestirse de verde y llenarse de flores, a medida que el frío de Madrid retrocede. Me gusta el cielo de Getafe y lo desiertas que son las calles los domingos por la tarde. Este lugar me gusta más porque estoy solo.
- No estás solo, yo estoy contigo. Desde siempre, desde antes que aparezcas, siempre estuve contigo.
- Lo sé. Te llevo en mi alma. Eres esa invisibilidad tangible y poderosa. Esa hoguera que mueve mis anhelos. Pero ¿por qué desapareces por tanto tiempo y luego caes como una bomba atómica para destruir todos mis planes y volverlos a crear con la belleza de un horizonte inalcanzable?
- Porque soy la poesía.

viernes, 26 de febrero de 2016

Eielsoniano, yo.




Yo soy tan sólo un árbol
que camina, un animal que florece
una piedra que sonríe
y la humilde rana que canta junto al río
canta también junto a mi pecho.

Jorge Eduardo Eielson

sábado, 2 de mayo de 2015

Crónica de mis últimos dolores

Duro de Domar

Miro la única foto que tengo de ella, recuerdo que me la obsequió hace casi un año.  Intento imaginar que algo de vida hay en esa imagen hermosa donde sonríe y mira con ternura; pero es en vano, no está viva, no trasmite calor, por el contrario, trasmite mucha nostalgia y unas ganas enormes de no hacer nada, de seguir tendido en la cama, esperando algún milagro de la muerte.  Tengo inquietudes suicidas en mi ser inconsciente, supongo que a eso se le llama depresión. Qué contradictorio es, y digo contradictorio porque en la vida que estoy llevando cualquiera pensaría que disfruto cada instante como si nunca hubiese vivido antes. Estoy generándole numerosas ganancias a las licorerías, sin escatimar ni un centavo. Además, salgo con algunas chicas, camino con ellas, me lleno de su aroma, de su feminidad; sin embargo, aún me siento muerto, aún falta algo. Busco con desesperación en ellas, aquello que hace falta dentro de mí y no lo encuentro. Por eso extraño a la mujer de la foto, porque a pesar que odiaba la forma tan absorbente de amarme y que no aguantaba un segundo más su carácter conflicto, a pesar de eso, me daba algo que hasta ahora nadie me ha podido dar, la extraño porque mi corazón se sentía con el suficiente aceite para latir a mil por hora como un Ferrari que desafía la velocidad de la luz, porque mi cama estaba tranquila con la intranquilidad de sus piernas, y ahora es una trampa mortal donde caigo y me torturo, ahora es un campo de batallas donde caen bombas de recuerdos que me expanden los párpados para no cerrar el alma.

Estoy esperando mi momento, me dije muchas veces cuando miraba el espejo y me veía tan miserable, mi momento mágico, mi epifanía, para empezar a escribir como un desgraciado. Ahora que ella se fue y los días de paz terminaron bruscamente, parece que mi momento está cerca, es lo justo ¿no? Nada es gratis en este mundo, pierdo algo y a cambio recibo algo... 

domingo, 2 de marzo de 2014

Destrucción en 1,2,3...

Soy un tipo autodestructivo y destructivo. Despedazo lo que amo, lo lastimo y luego me arrepiento pero ya es tarde cuando pasa esto. Al destruir lo que quiero me destruyo a mí mismo. Ahora que escribo desde la oscuridad y mientras cae la lluvia, me pregunto si habrá un futuro bueno para un tipo como yo. No encuentro posibilidades. No hay opciones para un alcohólico, para un irascible, para un vehemente, para un manipulador, para un maquinador, simplemente no hay un futuro bueno para alguien como yo. Debo destruirme, lo sé, lo sé perfectamente. ¿Con qué? ¿Con alcohol, con mujeres, con drogas, o con poesía? ¿Cuál de estas armas de destrucción masiva será la más letal?, ¿cuál de estas armas me hará pagar todo el dolor que le he causado a la gente?, ¿cuál de estas armas me hará pagar por la ayuda que no le di a las personas que me necesitaban?. En verdad no lo sé. Estoy confundido, solo quiero tomar un buen vaso de vodka y escuchar la lluvia caer, y decirle a esa persona que está en algún lugar del mundo derramando lágrimas por mi causa, que me siento la alimaña más culpable del mundo y que me arrepiento de todo.

viernes, 30 de agosto de 2013

He vuelto

Esa noche de invierno estuve dentro tuyo. Toda la noche fue estar dentro tuyo. Todos los segundos de esa larga noche estuve dentro tuyo, no solo porque fui un tigre insaciable y te hice el amor como un loco sin bridas, sino porque me miraste como se miran las cosas amadas y por eso sentí estar dentro de tu corazón como un fuego imperecedero e implacable.

La penetración es una palabra cuyo significado suele reducirse a lo sexual, sin embargo penetrar es un verbo de posibilidades múltiples, pues hay tantas cosas que se penetran, hay tantas formas de penetrar, por ejemplo penetrar un cuerpo en un acto sexual, penetrar la mirada, la piel, la dermis, la epidermis, penetrar el conocimiento, penetrar en la naturaleza, penetrar la mente, penetrar los pensamientos, penetrar en los miedos, en las alegrías  y entre mil cosas y formas de penetrar, está penetrar el alma que es la forma más profunda de penetrar a una persona, es quedarse en ese espacio imperceptible que es más real que el propio cuerpo y que dirige todo nuestro ser. Penetrar el alma es apoderarse de alguien. 


En estos días mientras disfruté bellos instantes a tu lado llenos de tus gestos de afecto y de los te quieros que lanzabas como flechas, penetraste mi alma y me sentí como un muerto que cobra vida. Aquel sentimiento bidireccional llamado amor ha surgido con arrebato y sed, y se ha hecho; y es por eso que yo me sobrepongo a todo el mundo y principalmente a mi mundo de telarañas y sombras que a veces suelen hacerme la vida miserable, y me sobrepongo porque quiero que el ser más bondadoso y noble que he conocido sonría y llore de alegría. Perdóname si a veces me desespero y recurro a ti como un gato asustado y arisco, perdóname porque en el fondo no soy sino un minino tierno en busca de cariño. Perdóname por todo, por estar dentro tuyo con todos mis demonios. Es maravilloso estar dentro de alguien que también está dentro de uno. 

Fragmento del libro "El desvirgador" de Osvaldo Zavala. Libro escrito a cada instante.


domingo, 21 de abril de 2013

Creo que está en nuestra naturaleza sentir afinidad por determinados seres. Lo acabo de recordar porque mi  pequeño gato, sin razón alguna siempre viene hacía mí, a pesar que nunca le llevo ni poco de comida ni de agua, ya que quien se encarga de eso es mi hermano menor, a quien por cierto, este gato contradictorio jamás obedece. El pequeño felino me busca de entre todos, se acerca, me mueve la cola y ronronea como hablándome: Ey, vamos acaríciame, acurrúcame. Yo, entonces, ante ese gesto tan denotativo lo hago gustoso y complacido mientras pienso lo que el gran Víctor Hugo dijo respecto de los gatos: Dios hizo al gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar al tigre. Lo acurruco, lo acaricio lo toco y el gato se ve tan feliz que alguna rara satisfacción me embarga. Luego lo echo y me voy, pero el necio me sigue y me sigue. Es por eso que digo, que está en nuestra naturaleza sentir afinidad por determinadas personas o cosas o seres, sentir ese llamado instintivo a quererlos sin explicación ni lógica alguna.

A propósito de este post, debo confesar que en mi caso siento un cariño extraño por los libros, un cariño loco, misterioso y raro. Veo un libro y pienso que me habla, que me mira, que me coquetea. He llegado a pensar que tienen sentimientos y juicio. Me vuelven loco los libros, pienso en ellos no como objetos sino como espíritus puros, liberados de maldad. Hace poco en mi estancia por Lima vi un libro titulado: el derecho como libertad, no sé me gustó tanto, sentí tanta afinidad que corrí a abrirlo y a olerlo. Me llenó de tanto placer que no dudé en comprarlo de inmediato a pesar que no tenía mucho dinero. Ahora él forma parte de mi alma. Del enmarañado mundo de demonios y ángeles que habitan en mí.

Tengo otra debilidad instintiva. Me gustan las manos de las mujeres. Debo confesar que he conocido a una mujer que me atrevo a catalogar como la mujer de las manos más hermosas que he conocido. Tiene las manos blancas, los dedos delgados, largos y esbeltos. Sus uñas grandes y transparentes, me hacen pensar en la transparencia de su alma. Qué hermosas manos por Dios, las miro y quisiera tocarlas, quisiera que hablen con mis manos en el idioma universal del tacto.

En realidad tengo muchas afinidades, me gustan por ejemplo los pies de las personas, la arena mojada y las piedras mojadas, me gustan las pasiones, el olor de los limones, me gusta escribir estupideces como esta, y me atraen determinadas personas que en otro post más grande llegaré a detallar y describir. Hasta pronto mis cobardes lectores.