Y ahí estamos
con los ojos clavados en el horizonte
mirando el desconcierto.
La muerte nos persigue a cada paso
el sol ya no brilla de la misma manera
y vivir parece un cuestión de suerte.
Ahí estamos
buscando algo en el aire, en el viento
o mejor cagándonos de miedo, de desesperación
porque al fin y al cabo
solo somos unos simples monos
hambrientos, sedientos de esperanza
solo somos un puñado de carne y huesos que tiritan
Intentamos mantener la cordura
pero la naturaleza
nos ha quitado lo que tanto amábamos
nuestro egoísmo, nuestro ego, nuestra libertad
nuestra omnipotencia
ahora no tenemos poder de nada.
El ruido de la gente ya no está
para darnos la seguridad de la manada
ahora solo somos vulnerables
simples, pequeños, huecos, cavernícolas
refugiados en casos de cristal que solo
nos dan una fría vanidad.
Vamos en busca de una cura a nuestro desastre
algo dentro de nosotros nos impulsa
pensamos que es progreso
que es solidaridad
pero solo es nuestro egoísmo ruin
nuestras ganas de poseerlo todo y dominarlo todo
nuestra simple y malvada naturaleza están ahí
latiendo aún
ese fuego, esa luz brevísima que aulla despacio
en nuestro corazón
parece un milagro, pero es una desgracia
es una llama de egoísmo, de maldad, de perversión
la única cura para el mono destructor es la destrucción.
sábado, 23 de mayo de 2020
lunes, 23 de septiembre de 2019
La noche y el mar
Como aquella noche
Que anduvimos caminando
Sintiendo el rugido espumoso
Y leve del mar
Como aquella noche
donde pronto nos trepó un miedo
inexplicable
Así tengo miedo ahora.
Una sensación gélida me recorre
Creyendo que te has perdido.
Por eso extiendo mis manos
A ver si te guían en las sombras
Pero estás muy lejos.
Estoy buscándote, tanteando entre
recuerdos.
Sé que te has perdido.
Por eso insisto y aquí me quedo.
Tú eres la mujer de los bellos días
Es tu belleza la que endulzaba mi vida
Fueron tus manos las que me guiaron.
Sé que hay mucha niebla
Que muchas cosas pasaron
Y que ha llovido sobre nosotros
Pero aquí me quedo.
Aquí estoy con el pecho descubierto
Para que desde donde estés
Veas todo mi amor
Y me reconozcas.
He abierto mi cuerpo
Para que veas el incendio
La luz que una vez nos envolvió.
He abierto mi mente
Para que escuches los recuerdos
Para que sientas mi voz
Caminando en tu cuello.
He abierto todos los candados
Y todas las puertas y todas las verdades
Para que llegues, para que no te pierdas
Para que sepas, para que creas
Que hay una playa, un rincón en el norte
Donde aún podemos olvidarnos del mundo.
Tal vez esta noche no encuentras mis manos
Pero mañana busca mi alma.
Desde este puñado de letras
Te ayudo a descifrar el destino
Te ayudo a seguir los recuerdos
Y las intuiciones.
Esta noche déjame insistir.
Sé que ese bus
Llamado felicidad nos ha dejado
Y esta vez lo perdimos por mi culpa
Pero dame la oportunidad de buscar otro
Y te juro que esta vez caminaremos
por la orilla del mar sin miedo de
perdernos.
miércoles, 18 de septiembre de 2019
Lo gris y el tiempo
Tengo esa sensación
dentro de mí y fuera de mí
hay un aire metafísico debilitado
un querer que no está
un vacío que se expande
mi cuerpo vulnerable
tiene llagas y el aire
lo lastima.
Agacho la cabeza
y sigo sin creer en el mundo
o mejor dicho sigo sin entender
o mejor dicho entiendo
pero no lo acepto
¿ahí está el problema?
Camino y vuelvo a caminar
siento no esa soledad
libre sino esa soledad obligada
soledad gris
un paraguas negro se levanta
y la lluvia no es la misma
porque ya no la quiero
Silencio, escucho mucho silencio
mi corazón murmura que hay gritos.
una calle triste pasa cubierta de niebla
y ya no me veo en ella
solo hay una sensación de vacío
que me atrapa y siento
siento frío, una enorme sensación
que me succiona hacia dentro
un desvarío imperceptible
un olor a muerte se alza
desde árboles que arden
un río congelado escupe peces vivos
peces grises
hay raíces retorcidas y llenas de gusanos
hay al final solo una sensación
de que el tiempo sigue avanzando
con desdén con frialdad
con crudeza, con deslealtad
nadie importa para esa rueda
estúpida rueda que gira sin cesar
me detengo aquí, hasta aquí llegamos
aunque todos siguen
quiero volver y sentir que al menos
nuestras vidas explican algo.
Lloro como un niño, como un viejo
que son conscientes del amor
y la amistad que perdieron,
pero la vida sigue, sin cesar.
dentro de mí y fuera de mí
hay un aire metafísico debilitado
un querer que no está
un vacío que se expande
mi cuerpo vulnerable
tiene llagas y el aire
lo lastima.
Agacho la cabeza
y sigo sin creer en el mundo
o mejor dicho sigo sin entender
o mejor dicho entiendo
pero no lo acepto
¿ahí está el problema?
Camino y vuelvo a caminar
siento no esa soledad
libre sino esa soledad obligada
soledad gris
un paraguas negro se levanta
y la lluvia no es la misma
porque ya no la quiero
Silencio, escucho mucho silencio
mi corazón murmura que hay gritos.
una calle triste pasa cubierta de niebla
y ya no me veo en ella
solo hay una sensación de vacío
que me atrapa y siento
siento frío, una enorme sensación
que me succiona hacia dentro
un desvarío imperceptible
un olor a muerte se alza
desde árboles que arden
un río congelado escupe peces vivos
peces grises
hay raíces retorcidas y llenas de gusanos
hay al final solo una sensación
de que el tiempo sigue avanzando
con desdén con frialdad
con crudeza, con deslealtad
nadie importa para esa rueda
estúpida rueda que gira sin cesar
me detengo aquí, hasta aquí llegamos
aunque todos siguen
quiero volver y sentir que al menos
nuestras vidas explican algo.
Lloro como un niño, como un viejo
que son conscientes del amor
y la amistad que perdieron,
pero la vida sigue, sin cesar.
lunes, 13 de mayo de 2019
a veces necesito ascender
En memoria tuya escribo. Porque como tu padre, sé que fuiste del mar y en él estás. Llevo latente una marca con el nombre que nunca te di. Cada día es un nuevo descubrir, un nuevo sentir tu ausencia y experimentar que el dolor tiene distintos colores. Las cosas pasaron de ese modo pero ojalá nunca hubieran pasado así, y no lo digo por mi dolor, si no porque hubiera sido maravilloso verte crecer y poder experimentar la potencialidad de vida que llevabas en ti, pero así es la vida, dura, crudelísima. Nos equivocamos, me equivoqué, nunca debí dejarte sola, nunca debí ser tan egoísta. Ahora me ves desde algún lado, desde algún sitio, desde alguna materia, me ves arrepentido porque realmente lo estoy. Sería maravilloso no equivocarse; sin embargo, así somos, tan imperfectos, tan inmorales, tan humanos, demasiado humanos. Y no importa cuanto me arrepienta, seguiré pensándote, seguiré intentando disimular este dolor, así pasen los años, así pase el tiempo, te llevo como esa marca en mi alma, como esa flor que nunca floreció. Pienso que dejarte en el olvido tal vez pueda ser una manera de disculparme, pero la verdad lo he intentado y no puedo. En tu memoria escribo, pequeña flor, pequeño pájaro, sencilla estrella, dulce espera, suave caricia, sonrisa eterna, en tu memoria escribo para decirte que aquí estoy pagando mis penas, sintiendo que a veces no puedo más y me dan ganas de ir a buscarte, no lo voy a negar, quisiera ir a buscarte, donde estés, allá donde algún día iré a buscarte, a pedirte de rodillas que me perdones, que me entiendas, que no sabía lo que hacía. Mientras tanto iré al mar mi pequeña golondrina, ahí te miro, porque sé que me escuchas y prometo volverme valiente aunque sea imposible, lo voy a intentar. Perdóname la tristeza, pero la tenía en la garganta y pues las manos tenían que soltarla en medio de la brisa que hoy me ha llenado. Igual, he encontrado formas de lucharte, he encontrado formas de remediar mis errores, pero de todos modos no puedo detener la lluvia, me ha vencido y aquí me tienes otra vez. Ha sido suficiente por hoy, cierro los recuerdos y prometo hacer algo, no ir a buscarte sin antes haber hecho algo de lo que seguramente estarás orgullosa. Estoy roto pero aún sirvo, aún de mis manos sale humo y salgo por las noches a mirar las estrellas. Algo más puedo, podré hacer en tu memoria.
jueves, 20 de diciembre de 2018
Destino de palabras, destino siempre igual
Hace más de cuatro años, en una vieja librería de Trujillo, ubicada en el también antiquísimo jirón Pizarro, tuve un contacto visual, casi celestial, casi idílico con un libro: "Vallejo en los infiernos" de Eduardo González Viaña. Mi relación con los buenos libros, siempre ha funcionado bajo la lógica del amor a primera vista. Este libro no fue la excepción por eso a penas llegué a casa, no puede evitar la tentación de leerlo. Fue una noche que hasta ahora recuerdo. Era una noche de otoño, adornada por el sonido suave de una tímida garúa que fungía de comparsa a mi emocionada lectura. Vallejo para mí siempre ha sido mi héroe, un héctor de la literatura, un caballero de la mesa redonda que se sacrificó por su arte, que vivió no de él, sino para él. Esto también influyó en la emoción de leer la novela biográfica de González Viaña que relata buena parte de la vida de Vallejo pero en especial su estancia no tan grata en la cárcel.
Aprendí muchas cosas de este libro, entre nuevos datos sobre la vida del vate liberteño así como nuevos poemas de él; pero hay algo que quedó grabada de forma permanente en mi memoria y que consiste en una frase que Napoleón Chanduví o mataporgusto le dice a Vallejo: "el destino señor, es un conjunto limitado de cartas. Seis o siete. Usted la recibe de joven. Después se le pierden o se le desordenan. En el futuro, las seis o siete cartas vuelven a aparecer y juntarse, y son siempre las mismas." Memoricé esta reflexión porque la di por válida y hasta ahora la considero acertada.
Hay cosas en la vida que siempre se repiten. Hay energías que siempre regresan. Hay flores que siempre volvemos a ver. Hay sueños que volvemos a soñar. Hay lugares a los que siempre volvemos. Hay amores que nos vuelven a partir. Hay personas maravillosas y desastrosas que volvemos a encontrar. Hay problemas que siempre vuelven. Llegué a penar que así estaba marcado mi destino y que otra vez repetía el ciclo. Sin embargo, me di cuenta que para ganar este juego que es la vida, lo más importante es el As de corazones, el jocker, con el que siempre se gana y que siempre ha estado en mí, se llama poesía, escritura, literatura, liberatura, como sea que se llame, pero me ha sacado a flote. Ella es como una terapia de shock que canaliza todo el flujo magnético y maligno de la vida. Ella hace brillar nuevamente lo que soy: mi fuerza de animal irracional y pasional, mi libertad sin límites, la belleza de mis cicatrices y mi eterna admiración por la belleza femenina. Otra vez hay un albatros sobrevolando este cielo.
jueves, 16 de agosto de 2018
Pájaro antediluviano
La experiencia consciente de la vida abre el camino para encontrarse a sí mismo. Para volver por el camino de la autenticidad, que muchas veces resulta esquivo por los diversos obstáculos de una sociedad consumista, caníbal, de apariencias y adoctrinamientos, una sociedad que destruye mentes que asesina los sueños y la verdad, y que sobre eso edifica su propia realidad en la que los hombres no somos hombres. Siempre es mejor el caos la tragedia, si sirve para golpearnos tan fuerte pero tan fuerte que uno abre los ojos y ve de forma diferente la realidad, es como si los dogmas se desmoronaran y los pies se hacen más ligeros, a uno deja de importarle lo que no debe importarle siguiendo solo los latidos puros de su corazón y la magia de la intuición. Todo termina como debe terminar en la senda invencible del propio albedrío, para esto es necesario hacer mucho y poco. Los miedos hay que dejarlos atrás, hay que coger el corazón no para arrancarlo del pecho, sino para sentir la vida que te puebla, para sentir esa voz milenaria del pájaro azul de un pájaro pequeño y suave que susurra libertad.
Al abrir los ojos
las flores se abren
los monos se mecen
sobre montañas de hojas
la luna camina sigilosa y deslumbrante
así las mil maravillas de este mundo
cautivan la consciencia
y qué bien nos hace sentirlas
quedar atrapados en el deleite.
Pero qué inútil es gozar de la belleza
que te rodea
sin sentir el reino oculto
sin sentir de donde parte toda
la experiencia
qué inútil es pisar las piedras que no son tuyas
porque mi camino soy yo
está ahí
para verlo hay que cerrar los ojos
y mirar en la consciencia
para verlo hay que caer hondo
golpearse en la cabeza y despertar
mirar entre sombras y sueños
y sentir la vida que eres
y volver a caminar sobre tus pasos.
sábado, 21 de julio de 2018
Crisálida
Está atrapado en una enorme y oscura crisálida formada por retazos de vivencias, gestos, aromas, lugares e innumerables recuerdos que surgen y se mezclan. Cada día intenta salir, cada día intenta olvidar, escapar; pero del dolor no se huye, al dolor hay que enfrentarlo, y su forma de hacerlo es aferrarse a esos momentos maravillosos que dejó, e imaginar que ella está ahí. Se engaña a sí mismo que la escucha hablar en las mañanas, se engaña que siente su aroma en las sábanas, se miente que la escucha respirar mientras duerme y que siente la calidez de sus pies helados. Aún cree que su sonrisa lo despierta y lo duerme, aún cree sentir sus delgados dedos entre los suyos. Los vestigios de lo que una vez brilló, son su único consuelo. Son las cenizas del fuego las que lo abrigan. No le queda más alternativa que entrar y salir del pasado, del dulce pasado que amarga y que quiere olvidar.
Su corazón está abatido y se guarece en el final del túnel, en el fondo del abismo, y a medida que su pulso se apaga y su alma se vuelve a sí misma, una luz empieza a resplandecer. Desde el último bastión de su esencia, desde el último reducto se acerca un ser etéreo, la marca de su bendición o de su maldición: ella, la luz tenue, el fuego implacable, alimenta su tristeza pero no lo ultima, lo mantiene vivo, cura sus heridas y le abre otras, en un círculo interminable de interpretaciones y preguntas del cual no se puede escapar y no quiere escapar, porque ha entendido que la crisálida guarda un secreto. En esa escafandra de oscuridad se gesta el lumen, se transforma el dolor en más dolor y surge el milagro, la palabra, el mito.
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