domingo, 18 de marzo de 2012
viernes, 17 de febrero de 2012
A mi maestro

Un día como hoy un hombre con una sensibilidad admirable nació y nos permitió conocer sus más íntimos sentimientos a través de sus escritos.
Bécquer para mí es más que alguien a quien admiro, es mi maestro, es alguien que me ayudó a darle sentido a mi vida.
¡Qué viva el romanticismo y que regresen siempre las oscuras golondrinas de la poesía!
Fragmento del poema IV del libro Rimas y Leyendas de G.A. Bécquer:
(...)
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!
viernes, 3 de febrero de 2012
Oh qué dolor
Bueno, estoy jodido, el amor de mi vida, la mujer de mis sueños se fue con otro, realízó el sueño que imaginamos juntos, el de tener un hijo, con otro; y me saluda como si nada hubiera pasado. A pesar de todo eso, me da pena la puta de mierda, me da pena y por mi santa madre, porque mi madre es realmente una santa, si ese pobre imbécil se muere no lo pensaría dos veces para ir corriendo a comprarle una crema antiarrugas y después de mandarla a la mierda y reclamarle lo puta que ha sido, le haría el amor para así asumir con garbo y derecho, todos sus problemas y hacerlos nada, y decirle únicamente que sólo tiene que sonreir porque la amo demasiado y haría todo por verla feliz.
Ana, eres realmente una puta conchuda pero tan hermosa como para amarte toda mi vida.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Despertar
Abrí la puerta y encontré un salón amplio y vacío. El piso era rojo como la sangre y las paredes blancas como si fueran de papel. Había numerosos maceteros con helechos en los contornos, ellos daban un aspecto natural al ambiente. Y al medio de todo había una mujer sentada en un asiento de cuero, con los codos reposados en un escritorio de madera al frente del cual había una silla vacía que parecía esperarme, y yo me acercaba. La mujer era una señora de cabello negro azabache, con uñas largas y con alhajas por doquier. Tenía la mirada muy despierta y los gestos convincentes. Quizás sus casi cincuenta años que le calculaba, le ayudaban a inspirar respeto; sin mencionar su chaqueta vino tinto que le añadía seriedad. Ella proyectaba la imagen de una persona sabia, conocedora de los secretos del universo. Me acerqué cada vez más y me miró como si me conociera más que yo. Me dijo que me siente y lo hice. No recuerdo qué cosas le conté pero es probable que le haya resumido mi vida y mis problemas. Después de eso se levantó como si hubiera comprendido el asunto y dijo que todo saldría bien. Tomó mi cabeza con ambas manos y firmemente expresó que todo radica en ser libre, que debo liberarme, dejar que mi sangre fluya. En ese momento cerré los ojos y sentí un río fluir dentro de mí, parecía que algo indescriptible me inundaba, sentí tener fuerza, voluntad, esperanza, todo, pero me ahogaba en ese caudal impetuoso de sensaciones, y ella seguía repitiendo que sea libre, que sea libre, y no sabía como serlo, así que desesperadamente le supliqué que me ayude y respondió: no puedo ayudarte, porque siempre has sido libre. Y me desperté
viernes, 4 de noviembre de 2011
Reflexión absurdamente estructurada por una máquina intentando cobrar vida
Nada de lo que está pasando es verdad. Todo lo antes dicho es mentira. Jamás se puede abandonar la poesía. Cosa diferente es no hacer poemas, pero siempre se hace poesía. Quizás lo que ahora me agobia es no poder dedicarle tiempo, es dejar que su voz cuyo nacimiento es un milagro, escape. Pero es que siento el peso de la vida. Siento que hasta el aire cuesta; no obstante me está costanto mucho más vivir sin ella, y es que en realidad ¿qué vale más? ¿vivir para morir o vivir hasta morir?